Para empezar el día
Hacé unas rondas al despertar, sin prisa, antes de levantarte.
Un momento para respirar, en medio de lo difícil o de lo tranquilo.
Podés usar esta herramienta para acompañarte durante un momento de tensión o para aprender una respiración sencilla que luego podrás repetir por tu cuenta.
Respirá sin forzar. Si sentís mareo, incomodidad o falta de aire, detené el ejercicio y volvé a respirar con naturalidad.
Elegí la opción que más se acerque a lo que estás viviendo ahora.
Durante aproximadamente un minuto, seguí el ritmo que aparecerá en la pantalla.
No necesitás sentirte completamente diferente. Basta con observar si algo se movió, aunque sea un poco.
Fue un gusto acompañarte durante este momento. Tomate unos segundos antes de continuar con lo que estabas haciendo.
Inhalá suavemente contando hasta cuatro y exhalá despacio contando hasta seis.
Permití que la exhalación sea más larga y tranquila, sin obligar al cuerpo a llegar hasta el final del conteo.
Podés ponerle un nombre fácil de recordar y asociarla con un momento cotidiano.
La misma respiración puede adaptarse a diferentes momentos del día.
Hacé unas rondas al despertar, sin prisa, antes de levantarte.
Usá tres rondas para hacer una pausa cuando cambiás de actividad.
Hacé una sola exhalación consciente antes de responder a algo.
Probá una versión más lenta: inhalá contando hasta dos y exhalá suavemente contando hasta diez, durante cuatro rondas.
Tu respiración ya está lista para acompañarte.
Pensá en un momento concreto de mañana en el que podrías probarla.
Que mañana encontrés un pequeño momento para detenerte, respirar y volver a vos.